Temporalmente

Me sobra espacio por todos lados y sin embargo estoy encerrada, abro la puerta del comedor que lleva al jardín lleno de hierba, me descalzo para sentir la fresca hierba por la mañana y solo noto espinas bajo mis pies que dejan una pequeña huella de sangre oscura y en cambio ni siquiera noto el dolor. Porque no duele. Lo que realmente me va consumiendo, aquello que ha ido mermando mi alma y fustigando mi corazón y sigue ahí.

Tal vez era eso lo que me hacía falta sangrar para sacar fuera todo el daño acumulado. Al ver esas marcas oscuras en mi pequeño jardín, vuelvo a entrar descalza a mi casa. Lavo y curo las heridas de las plantas de mis pies. Las seco y limpio el rastro que dejé de camino al baño. Vuelvo a salir al jardín y sigo sin calzado. Esta vez miro mis pies y no hay índice de sangre. Todo lo oscuro salió y ahora sí, puedo sentir el frescor de la hierba de la mañana y su aroma. Al menos, temporalmente, me siento mucho mejor y más libre. No hay porqué dejar de disfrutar de este momento, así que me dejo llevar sin más.

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