Algo llamado Amor

Durante las vacaciones de verano nos da tiempo a reorganizar un poco nuestra casa, a descansar, a disfrutar de las horas que parecen perdidas y menguantes en la eterna época del año en la que las manecillas del reloj pasan a llamarse: rutina laboral. Es decir, durante los once meses restantes del año. En el periodo vacacional podemos descubrir lugares con grandes historias. Lugares que por suerte, no aparecen en las guías turísticas más conocidas. Este verano he tenido la oportunidad y gran suerte de descubrir uno de estos rincones en el Pirineo catalán, en la Vall d’ Aran.

En este valle, rodeado de montañas pintadas de verdes claros, otros oscuros y siempre intensos. De cimas agrestes, casas pintorescas con tejados cubiertos de pizarra que soportan las continuas nevadas invernales. Un valle salpicado de iglesias románicas repletas de recuerdos históricos, que solamente sus muros conocen desde hace unos cuantos siglos ya. En este bello lugar, existen pequeños pueblos donde habitan y vivieron personas con una vida que podría estar, sin lugar a dudas, plasmadas en un libro.

En uno de estos bellos pueblos araneses donde parece haberse parado la manecilla que marca las horas del reloj. En un lugar con aroma a hierba fresca, en Bausen, existe una de las historias más románticas que jamás conocí.

A principios del siglo pasado, hacia 1908, en este lugar habitaba una chica llamada Teresa. En aquella época, en la Vall d’ Aran era más importante el nombre de la casa donde provenías que tu propio apellido. Cuentan que, una de las obligaciones de todo descendiente de cada casa, era conservar el patrimonio familiar y, justamente por ello, la gente del lugar, se conocía por el nombre de sus casas.

Volvamos a la historia…

Teresa era oriunda de Bausén al igual que su amor, su primo Francisco. Teresa provenía de la casa Belana y Francisco, de la casa Doceta. No se sabe con exactitud si eran primos segundos o primos hermanos. Este pequeño detalle no importa demasiado, es más liviano que el resto de esta apasionante historia (al menos para mí). Pese a la época que era, este amor entre primos no era para nada un escándalo para sus paisanos, ya que eran (y siguen siendo), pueblos muy pequeños, donde vivían pocas familias y no había  casi gente foránea. Por lo tanto, enamorarse de un familiar era bastante común.  Hasta para el párroco local. Como sabemos los párrocos tienen una forma de ver la vida poco o nada liberal. Todos los enamorados que querían casarse, fueran familia o no, tenían que pasar por el despacho parroquial a pagar “la aprobación eclesiástica” de su amor.

Teresa y Francisco se negaron a pagar este peaje para que la iglesia diera a cambio de dinero, el beneplácito al amor de ambos. Se cuentan varias versiones sobre la posible razón por la que la pareja se negara a ceder ante este injusto pago ante la Iglesia y entrega monetaria a su representado local. Una de ellas dice, que no lo podían pagar, que el importe a pagar era excesivo para personas de linaje humilde. Otra versión cuenta que Francisco se pasaba el invierno trabajando en Francia, no hay que olvidar que era una época muy dura y las gentes del Valle, iban a trabajar a poblaciones francesas fronterizas porque allí pagaban algo mejor que en tierras españolas. En primavera volvían a casa con dinero pero se cuenta que Francisco no quiso pagar las imposiciones del párroco local con el dinero de su sudor y el que les daría sustento y cobijo a Teresa y a su propia persona.

Tras intentar convencer en innumerables ocasiones al párroco de su intención de casamiento y de explicarle, una y mil veces que no podían pagar el impuesto para poder casarse, la negativa perenne fue en diferentes versiones la única respuesta del enviado de Dios local. Decidieron vivir juntos, lo que se suele llamar Vivir en Pecado, y, eso si que en la época estaba muy mal visto y por el cura más!

Este párroco estuvo como tal en Bausén durante 47 años, concretamente desde 1878 hasta 1925. La iglesia tenía mucho poder en toda Europa, hasta en los rincones más pequeños y desconocidos. En este periodo de tiempo, permitió ser felices a muchas parejas, gracias a su caridad obligada hacia la iglesia y la inflexión del cura si intentaban no pagar lo que éste exigía.

Teresa y Francisco tuvieron dos hijos. Tuvieron una vida plena y fueron felices durante años aunque nunca se pudieron quitar del corazón, la dolorosa espina que el capellán les clavó.  Ella, en 1916 enfermó de neumonía y el 16 de mayo de ese mismo año, su cuerpo no tuvo más fuerza y su corazón, dejó de latir. Teresa murió a los 33 años.

Pero la historia no acaba aquí.

Francisco desolado por la pérdida tan fulminante de su amada y madre de sus hijos, fue a ver al párroco para contarle que Teresa acababa de morir y le pidió que ella fuera enterrada en el cementerio del pueblo. El párroco ni siquiera se inmutó ante tal noticia y se negó ante tal comprensible petición para cualquier humano que se considere ante todo persona. Le dijo que en su día no quisieron ninguno de los dos, aceptar la condición que él les puso para poder casarse y que si vivir en pecado fue su elección, lo seria por siempre hasta la el fin de sus días y que no podía permitir que personas que hayan vivido en pecado, descansen toda la eternidad en el cementerio de Dios y gente de buena fe.

Francisco está abatido, desesperado casi ido por todo lo que acontecía en ese momento de su vida y en esa sacristía. Le imploró al capellán hasta desgastar todas sus fuerzas. No pudo entender semejante respuesta y tantas negativas ante su petición.

Al salir de la pequeña iglesia, pudo darse cuenta rápidamente que la noticia había corrido por todas las escasas calles del pueblo, incluso traspasaron sus gruesos muros. Toda la población sabía que Teresa había muerto y que Francisco había ido a hablar con el párroco sin poder lograr su deseo de nuevo. Los vecinos del pueblo conocían  mucho a Teresa y a Francisco, les tenían muchísimo cariño y tuvieron un gesto realmente loable, casi salido de un  bello sueño.

Se reunieron y decidieron construir en veinticuatro horas, un cementerio para Teresa antes de que el cura pusiera el grito en el cielo y se pudiera negar. Lo construyeron con sus propias manos, piedra a piedra, en un paraje precioso y conocido por todo Bausen. Es un lugar muy cercano al pueblo, que se encuentra en un sendero de camino a la montaña. Tras alejarse de la población y caminar unos 300 mts, existe un rincón que se conoce como El Coret. Este camino acaba en una explanada algo escondida, donde los jóvenes enamorados festejaban su amor, sin temor a que nadie les pudiera ver. Teresa y Francisco también estuvieron allí en sus años mozos.

En este lugar, se tienen unas preciosas vistas del Valle de Torán. Da la sensación de que se haya detenido el tiempo en ese lugar y la brisa que allí habita, te traslada suavemente al pasado.

Allí está el pequeño cementerio laico que los vecinos de Bausen levantaron con sus manos, rodeado por frondosos árboles, el lugar construido para ubicar la tumba de Teresa, siempre con flores y donde ella descanse en un lugar casi mágico. No hay, ni habrá jamás ninguna tumba más.

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Francisco, algunos años después,  al estallar la guerra civil Española, dejó el pueblo y se marchó junto a sus hijos a Francia, a una población fronteriza con el Valle de Arán que está cercana al pueblo y allí vivió durante años e iba muy a menudo al pueblo a ponerle flores a la tumba de su esposa. Muchos años después de finalizar la guerra, una vez instaurada la dictadura murió. Su última voluntad fue que quería ser enterrado al lado de Teresa, pero la burocracia franquista, lo impidió

Sus hijos hace algunos años que han fallecido. Ahora sus nietos y algún bisnieto, acuden a Bausen a cuidar la tumba de la abuela Teresa.

Él, jamás se volvió a casar. Solo tuvo un único y gran amor. El aire que alimentaba sus pulmones.

Ella, sigue sola en el cementerio. En el lugar donde siempre se recordará a dos grandes personas que lucharon con uñas y dientes por su unión y nadie pudo hacer que ésta dejara de existir. Una pareja de hecho, cuando serlo era un pecado, en lugar de ser una nueva opción para cobijar y alimentar el amor de dos personas. Dos personas con miradas hacia el futuro en un país conservador..

Cuando estuve en el cercado de piedra del cementerio respiré calma y me sentí imantada hacia el lugar donde Teresa yace. Es una sensación extraña, pero agradable. No dejé de pensar el ella durante horas. Una vida intensa y luchándola hasta el fin de sus días junto a la persona que más amó. Es algo realmente duro, difícil de sobrellevar y bello al mismo tiempo. Llamemosle vida, es algo llamado Amor.

 

3 comentarios en “Algo llamado Amor

      • En la entrada donde te nominé (el link que puse) están las reglas. Básicamente tienes que responder mis preguntas, escribir once tuyas y nominar a otras once personas… pero creo que me está faltando algo así que te recomiendo leer las reglas que están en la entrada. Un abrazo! 😀

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