Inseguridad social

Consulta+Medica

¡Cuidado con los resfriados! No os pongáis malos que aparte de la gripe, estáis en riesgo de padecer el virus de la inseguridad social.

Os confieso que la semana pasada no tuve las suficientes fuerzas como para escribir nada. Ambos virus me maniataron y me dejaron sin posibilidad de poder hacerlo. He podido desatarme hoy, aunque aún tengo secuelas en las muñecas y en la capacidad de respiración, que sigue siendo aún algo costosa. Pero no podrán conmigo.

La gripe con medicación, más o menos se supera. Superar la inseguridad social es algo más complicado.

Lunes por la tarde, estoy en el trabajo abatida, sin fuerzas y con los ojos medio abiertos y la vista casi nublada. Un resfriado fuerte me acecha. Ya hacía algunos días que me avisaba el cuerpo de tal acontecimiento.

Tras casi ocho horas de trabajo, saco un palo con un trapo blanco atado en uno de los extremos y ondeo, esta improvisada bandera, a los cuatro vientos. Paz, tiempo muerto, me rindo. No puedo acabar la jornada laboral y así lo hago saber a mis jefes.

Recojo mis bártulos y derechita al ambulatorio. Como no tenía previsto ponerme mala, no tenía hora concertada por lo que voy de urgencias. Las visitas de urgencias si no es, que te estás muriendo, has de esperar hasta que todas las personas que tengan hora concertada, se visiten y será entonces cuando el doctor o la doctora te puedan atender amablemente.

Bien, llego al ambulatorio, me acerco al mostrador y la persona que allí se encuentra me pregunta que me pasa. Lo explico y me envía a la primera planta, puerta 4. Pues hacia allí me dirijo por las escaleras.

Llego al pasillo donde están una serie de siete consultas, cinco de ellas cerradas porque no había médico que visitara. En cambio, los asientos que encontré justo delante de esta fila de dispensarios están llenos de gente. ¡Madre! Veinte personas para dos médicos y son las cinco y cuarto de la tarde. Algo me dice que la espera no va a ser precisamente poca.

Tomo asiento y miro el móvil. No hay llamadas ni mensajes. Lo vuelvo a guardar. Empiezo a notar un calor bastante fuerte. Me quité al llegar el abrigo y solo llevaba un jersei algo grueso pero tampoco para estar asada como un pollo. En estos sitios tendrían que tener en cuenta la temperatura que ponen en la calefacción. No miran por el necesario ahorro energético y claro está, obvian si los pacientes sufren o no con estas temperaturas veraniegas en pleno mes de febrero. Luego, sales a la calle y si estás malo…te pones peor.

Aparte de notar el agobiante calor, me empezó a entrar algo de sueño.Hubo un  momento incluso, en el que cerré los ojos.

Fue entonces cuando oí alguien que voceaba: “Juan Martín, Adela Segura, Eva Dir”. Este último nombre tiene cierta gracia. La voz era de la doctora de la consulta 4, la mía. Me empecé a poner algo nerviosa, por lo menos tenía tres personas delante mío. Al final fueron siete.

Volví a sacar el móvil del bolso y esta vez intenté distraerme. Empecé a jugar a una App que me descargué hace tiempo y que casi no había jugado. Tampoco así se me pasaba el tiempo.

A las siete y cuarto de la tarde, me llama la doctora y entro en la consulta, casi arrastrando los pies. Me pregunta que me pasa, si me tomo algo por mi cuenta, que si me duele algo. Le comento cómo me encuentro y que no tomo nada, pero que me duele mucho los oídos, sobre todo el derecho oído en el que sufrí una perforación por una serie de resfriados mal curados.

Y ahora viene cuando la doctora enciende el crono y en veinte segundos me mira los dos oídos, las anginas y los ojos y me dice: “Nada, tranquila. Tómate un relajante muscular tres veces al día y dos Gelocatas. Esto durante cinco días y ya está”.  Le digo yo: “¿Cómo? ¿eso es para curar un resfriado de tres pares de narices? ¿Nada de Frena..ni de mucolíticos? Yo quisiera saber dónde se han metido los doctores de creencia fehaciente en su labor. La desgana de la titulada que me atendió se podía palpar en el aire. Tratar a una persona que a una res, les debe parecer muy similar. ¡Stop a esta maneras soporíferas de tratar a pacientes!

Increíble. Una fiera de doctora. Estar dos horas en la Seguridad Social para que te receten paracetamol. Tremenda tomadura de pelo. Así estamos. Pagando seguridad social y obligándonos a apuntarnos a mutuas para que nos traten algo mejor o como poco con más ganas y rapidez. Pagando dos veces para tener un solo servicio. No merecemos este trato y en la medida de lo posible, tampoco debemos permitirlo. Este solo es un pequeño ejemplo de la gran tomadura de pelo  que sufrimos cada día y va a la alza a cada hora que pasa.

El otro día vi un curso por internet para conseguir el título de médico. Creo que más de uno lo ha hecho. No es un disparate, sino una realidad.

Sigo con mi gripazo, pero decidí auto-medicarme para no volver a pasar por esas desesperante horas paracetamoleicas del ambulatorio.

Por favor, que alguien pare esta pesadilla en la inseguridad social.

8 comentarios en “Inseguridad social

  1. Pingback: Gracias por dejarme soñar | Historias tras tu DNI

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