Lunes

Llamaron al timbre de la puerta varias veces pero nadie abría. Cada vez, era más largo el tiempo que mantenían apretado el odioso botón. No eran horas para estar molestando al vecindario de esa manera. Digamos que la una de la mañana, no seria la hora ideal para ello.

Uno de ellos decidió empujar la puerta con su propio cuerpo sin conseguir otra cosa, que hacerse daño.  Finalmente, forzaron la puerta y entraron. El piso apenas tenía 50 metros cuadrados y estaba bastante desierto. Una pequeña mesa, dos sillas, una mini cocina americana y una cama totalmente deshecha y vacía.

Tenía que estar allí, las sábanas estaban todavía calientes. No había demasiado sitio donde esconderse; por lo que dos de ellos se dirigieron al baño. Entraron y vieron la cortina de la bañera corrida, tapándola casi en su totalidad. La abrieron y allí estaba, temblando, más dormido que despierto, con alguna que otra legaña en los ojos y el aliento, oliéndole un poco a alcohol. Seguramente la tarde anterior había estado celebrando algo y duró hasta la hora de la cena, o incluso un poco más.

Lo detuvieron y lo esposaron sin encontrar resistencia alguna. Más bien, casi a rastras. Su estado somnoliento y algo etílico, no daba para más.  Mientras medio vecindario salió en pijama a la calle para ver qué pasaba y como lo metían en el coche policía para llevarlo a comisaría. Una vez allí, le leyeron sus derechos y lo metieron en una celda.

207H

Estaba de pie entre cuatro paredes de ladrillos desgastados. La luz brillaba por su ausencia y él, no salía de su asombro. Nadie hasta el momento le había dado ninguna explicación sobre su detención.

Escuchó como una puerta se abría. Pocos segundos después se cerró y empezó a percibir el sonido de unos pasos, cada vez más cercanos. Un policía se planto delante de las rejas  de su celda. Le sonrió con ironía y le dijo: “¡Por fin! Ya tenemos aquí el número cincuenta y dos. Usted era el único que nos faltaba. Sinceramente creía, que mis compañeros no lo iban a conseguir. Hacía mucho tiempo que le buscaban y estuvieron a punto de tirar la toalla. Es fantástico que lo hayan logrado!”.

Él, entonces le preguntó que hacía allí, de qué estaba hablando y cual era la acusación. El policía le explicó que muchos meses atrás, miles de personas de la ciudad, presentaron denuncias para acabar con un tormento que sufrían semana tras semana. Y ante tal avalancha de querellas, el comisario de policía se puso manos a la obra, congregó a todo el cuerpo para hacer una reunión sobre el tema y empezó la batida para detener a todos los culpables. Y, hasta esa madrugada de domingo y tras su detención no acabaron su complicada tarea.

El detenido insistió en preguntar una y otra vez: “¿de qué se me acusa?” El guardia respondió: “La gente no puede acostarse una noche triste y despertar por la mañana casi con depresión.  Sentir eso, es casi inhumano Señor Lunes”.

6 comentarios en “Lunes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s