Verde, es más que un color

Donde va alguien persiguiendo una falda que aletea por gracia del viento que sopla en esa esquina. Siempre espera en el mismo lugar, bien controlado lo tiene, aunque ella no había pasado antes por allí, al menos no lo recordaba.

Ni siquiera le ve la cara, tampoco le interesa, prefiere imaginar. Ni se fijó en su figura, tampoco en sus andares. “¡Qué más me da!”, piensa mientras se sonríe. ¡Qué pena que no le interese! Una espalda esbelta casi sin fin, solo delimitada por una media luna que ansía que la rozara, casi sin tocarla, unas manos tersas al mismo tiempo que fuertes y cálidas, masculinas y de joven piel.

La tela se eleva hasta volverse del revés. Ella se altera, intenta chillar aunque de sus frágiles cuerdas vocales solo llega a desprenderse un mínimo quejido. Se gira a un lado y al otro, esperanzándose de que quizás nadie la vio. Por poco lo consigue, aunque la persona está muy cerca, justo detrás del cristal de un pequeño bar. Está tan fuera de sí como ella.

A

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