Reflejos

Escuché el crujir de las hojas muy levemente. Era un sonido lejano. Al mismo tiempo una brisa quería jugar conmigo e iba i venía a mi lado, haciéndome cosquillas en mis imperceptibles oídos a la vista de cualquiera. Creí que quería contarme algo cada vez que se acercaba y que al estar junto a mí, se cortaba y huía por falta de atrevimiento a articularme palabra.

Poco a poco, notaba que ese quebrado de la hojarasca seca más sonoro. Ciertamente todo aquel manto llamaba gratamente la atención. Estaba repleto de colores tostados por el calor que el Sol les dio durante los meses de verano, dejándolas adormecidas por esa calidez tan soñada en los meses de largo frío y haciendo que ese sueño, las hiciera desprenderse de las ramas de los árboles cercanos, cayendo lentamente desde ciertas alturas hasta llegar al suelo sin notar que su aterrizaje fuera brusco, para nada; solo al despertar fue cuando se dieron cuenta de que su antigua casa quedaba a varios metros de altura.

B

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